Después de 50 años del inicio de la construcción de la primera central nuclear en España, entramos en las tres que no están operativas Zorita, Vandellós y Lemóniz y le contamos en qué situación están las cinco que todavía funcionan. Por Carlos Manuel Sánchez

En 1965, España entraba en la era atómica y lo hacía con planes grandiosos. Comenzaban las obras de la central nuclear de Zorita (Guadalajara), que fue inaugurada por Franco tres años más tarde, y el Gobierno pretendía construir hasta 39 centrales para uso civil que aliviarían las ‘penas’ energéticas del país. Lo hizo con tecnología estadounidense y con un fuerte endeudamiento; incluso jugó con la idea de distraer plutonio para uso militar y disponer de una flotilla de submarinos nucleares. En plena Guerra Fría, el Pentágono estaba ansioso por acaparar el uranio de las minas españolas, pero no estaba dispuesto a permitir que la dictadura franquista se convirtiera en una potencia atómica. Y frenó aquellas ambiciones.

El futuro, sin aclarar

En la actualidad hay seis centrales funcionando en España. Como un par de ellas disponen de doble reactor, suman ocho reactores. Almaraz I y II (Cáceres), Ascó I y II (Tarragona), Vandellós II (Tarragona), Cofrentes (Valencia) y Trillo (Guadalajara) están activos. El octavo, Santa María de Garoña (Burgos), no produce electricidad desde 2012, cuando expiró su licencia.

En realidad, es el futuro de la energía nuclear en España el que está en el aire y el Gobierno deberá decidir qué hace con las centrales, ya bastante ‘talluditas’ porque todas datan de los años ochenta, y cuyas licencias irán expirando escalonadamente durante la próxima década.

Hay dos alternativas sobre la mesa. Una es mantener las licencias de explotación actuales. De este modo habría que ir desconectando las centrales de la red eléctrica cuando cumplan cuarenta años, edad a la que una central se considera obsoleta, según criterios internacionales, y se le echa el ‘candado’ (aunque apagar un reactor es una cuestión compleja y se tardan muchos años). La última en cerrar sería Trillo, que es la más moderna. Fue inaugurada en 1988 y, por tanto, debería ‘chapar’ en 2028. Como no se han construido nuevas centrales desde entonces, ni hay planes para hacerlo, España sería un país no nuclear a partir de esa fecha y que dependería de las energías renovables. PSOE, Ciudadanos y Podemos, con diferentes matices, son partidarios de esta opción.

La otra opción es prorrogar la vida útil de las centrales hasta los 50 o incluso los 60 años, siempre que el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) dé su consentimiento. Es la idea que maneja el PP, cuyo Gobierno aprobó en 2014 un real decreto en el que se establecía que el cierre definitivo de una central solo se hará efectivo cuando haya problemas de seguridad. El nuevo Ejecutivo tendrá que decidir, además, adónde ‘barrer’ los residuos de esta industria, que tardan siglos en dejar de contaminar, después de que Castilla-La Mancha haya paralizado el almacén para desechos nucleares de Villar de Cañas (Cuenca).

Las centrales caducas

En España ya se han cerrado dos centrales. Zorita cesó su actividad en 2006 por antigüedad, aunque todavía está siendo desmantelada. En cuanto al cierre de Vandellós I, se produjo tras la retirada de la licencia por parte del Gobierno por un incendio en la sala de turbinas en 1989, el accidente más grave en la historia nuclear española. Por cierto que España acaba de rebajar los criterios sobre la gravedad de los fallos en sus centrales, lo que ha provocado malestar y ceses en el CSN. Estos fallos se miden en la escala INES y van del 0 (una simple anomalía) al 7 (catástrofes como Fukushima o Chernóbil). El incendio de Vandellós alcanzó el nivel 3. Y en los últimos 25 años se han registrado 58 incidentes de nivel 1, que con los nuevos criterios solo hubieran sido 14.

A favor

Las grandes compañías eléctricas, propietarias de las centrales, piden que todas las nucleares funcionen más allá de 2030. La patronal Unesa -que agrupa a Iberdrola, Endesa, Gas Natural y Fenosa-, entre otras considera imprescindible para el sistema eléctrico nacional que se mantengan ‘vivos’ todos los reactores más allá de esa fecha. Eduardo Montes, su presidente, explica que los siete reactores nucleares en funcionamiento generan en torno a un 21 por ciento de la energía consumida por los españoles, solo por detrás de las renovables (42 por ciento) y por delante del carbón (14 por ciento). Es una energía muy eficiente , argumenta. Las nucleares tienen entrada preferente en el mercado mayorista eléctrico, por lo que la energía que generan es vendida en su totalidad. El sector defiende, además, su aportación económica. Un informe del Foro de la Industria Nuclear subraya que esta industria, que da trabajo a 27.000 personas, aportó 2781 millones al PIB en 2013, lo que supone el 0,27 por ciento del total. Si las centrales nucleares dejan de funcionar, la factura de la luz se encarecería otro 15 por ciento, según cálculos del Gobierno. Se trata de una energía respetuosa con el medioambiente , alega Antonio Cornadó, presidente del Foro Nuclear. Si España la abandona, las emisiones de carbono aumentarían un 25 por ciento.

Los detractores

Greenpeace señala que la longevidad de las centrales españolas las convierte en un peligro. Y señala a dos de ellas. Una es Cofrentes. Su ampliación de licencia [que expiraba en 2011] se publicó el mismo día de la catástrofe de Fukushima, sin ninguna consulta pública . Cofrentes tiene un largo historial de incidentes, con 25 paradas no programadas. Pero es Garoña el mayor dolor de cabeza en España. Es la central más antigua de la Unión Europea, con 43 años. Está cerrada, pero el Gobierno está procediendo a su reapertura cambiando leyes y sin consultas públicas , denuncia. Un riesgo añadido son los ciberataques. El año pasado se produjeron cuatro contra centrales españolas. En resumen, lo que deberán decidir los españoles es si la energía nuclear tiene futuro o es un vestigio del pasado.

Diez años desmantelando la primera central

La central nuclear José Cabrera, la primera de España, se encuentra en la provincia de Guadalajara, a tres kilómetros de Zorita de los Canes, entre las presas de Bolarque y Zorita,oman aguas del río Tajo. Para su apertura fue decisiva la intervención de la industria estadounidense, en especial de General Electric y Westinghouse.En 2006 se puso fin a su ciclo de funcionamiento, desacoplándose de la red eléctrica y dando paso a las labores de desmantelamiento, que todavía están en marcha. El de Zorita es un reactor de agua a presión, como la mayoría de los instalados en España. No obstante, en Vandellós I se instaló un reactor de origen francés de uranio natural, grafito y gas; y los de Garoña y Cofrentes son de agua en ebullición. La principal ventaja de los reactores que funcionan por agua a presión es su estabilidad, gracias a la tendencia que tienen a reducir su potencia ante incrementos de temperatura. Estos reactores funcionan con unas pastillas de uranio enriquecido de pequeñas dimensiones, por lo que son reactores de pequeño tamaño en comparación con los de uranio natural o los de agua en ebullición.

Lemóniz

La central fantasma marcada por ETA

En 1984 fue aprobada por el Gobierno socialista la moratoria nuclear en España, lo que paralizó la puesta en funcionamiento de la central de Lemóniz (Vizcaya), ubicada en la costa cantábrica, cuando estaba a punto de inaugurarse. La central, de Iberduero (actual Iberdrola), empezó a construirse en 1972 y constaba de dos reactores de agua a presión que nunca llegaron a funcionar.Lemóniz formaba parte de un proyecto eléctrico diseñado durante el franquismo y estaba destinada a ser la primera de cuatro centrales en el País Vasco. La banda terrorista ETA realizó una oleada de atentados contra Iberduero, con un secuestro y dos asesinatos.El parón del programa nuclear por la presión social, la caída de la demanda y el incremento de los costes financieros significó la paralización de las siete nucleares que estaban entonces en construcción. los dos reactores de Lemóniz, los dos de Valdecaballeros (Badajoz) y Trillo II (Guadalajara). Finalmente se salvaron del cierre Trillo I y Vandellós II. Las eléctricas recibieron una compensación de 5700 millones de euros, que han ido pagando los usuarios en la factura de la luz.

Vandellós I

El accidente nuclear más peligroso

La central de Vandellós I comenzó su actividad en 1972. Su reactor funciona con grafito y uranio natural refrigerado por gas. El 19 de octubre de 1989 protagonizó el peor incidente en la historia de la industria nuclear española. La rotura de una tubería de engrase en el edificio de turbinas originó un vertido de aceite que provocó un incendio. Las alertas se sucedieron en cadena. Hubo varias explosiones. Las llamas se propagaron a gran velocidad y causaron daños en el sistema de refrigeración y en los sistemas eléctricos. La parte baja del reactor se inundó. Algunos técnicos huyeron y se quedaron solos los bomberos en las zonas afectadas. No hubo escape radiactivo. Pero meses más tarde se decretó el cierre de las instalaciones. El coste estimado del desmantelamiento, que corre a cargo de la empresa pública Enresa, ronda los 240 millones de euros. El reactor, no obstante, sigue latente y no se comenzará a desmontar hasta 2029.

Las centrales que están operativas

Tarragona Ascó 1 y 2

Entrada en servicio. 1983 y 1985Situada junto al Ebro, tiene dos reactores de agua a presión. Es propiedad de Endesa e Iberdrola, que en 2009 fueron sancionadas con 15 millones de euros por una fuga radiactiva, la mayor multa impuesta a una nuclear. La fuga duró tres meses y se mantuvo en secreto. Otro incidente es de 2011, cuando los inspectores no encontraron la documentación sobre 233 fuentes radiactivas almacenadas en bidones.

Tarragona Vandellós 2

Entrada en servicio. 1987Es un reactor de agua presurizada, gestionado por Endesa e Iberdrola, situado en la costa mediterránea. En 2004 se detectaron problemas de corrosión, que fueron clasificados como incidente de nivel 2. Se iniciaron obras para construir un sistema alternativo de refrigeración. En 2008 se produjo un incendio en el edificio de turbinas que provocó la parada automática del reactor, pero sin consecuencias radiológicas.

Cáceres Almaraz I y II

Entrada en servicio. 1981 y 1983Consta de dos reactores de agua a presión que funcionan con uranio enriquecido. Es propiedad de Iberdrola, Endesa y Fenosa. En octubre le abrieron un expediente por descontrol de las medidas contraincendios. durante dos meses un grupo de 23 bomberos, de una contrata externa, falsificaron las hojas de control para simular que habían realizado las rondas de seguridad obligatorias.

Valencia Cofrentes

Entrada en servicio. 1984.Es un reactor de agua en ebullición. Requiere una vasija mucho más grande que los de agua a presión. Se encuentra a unos tres kilómetros del volcán de Cofrentes, que se considera apagado, aunque su cámara magmática alimenta la fuente de un balneario. Está en el punto de mira de Greenpeace. El envejecimiento de los reactores es un hecho, a pesar de las reparaciones, y con ello la probabilidad de un accidente aumenta .

Guadalajara Trillo

Entrada en servicio. 1988. Situada en el río Tajo, a 43 km de Guadalajara. Fue la última de las centrales en conectarse y debería ser la última en desacoplarse, en 2028. Es una central de agua a presión, la única que hay en España de tecnología alemana. Mientras aquí se baraja la idea de alargar la vida de las centrales, Alemania anunció, a raíz del accidente de Fukushima, que cerrará todas sus centrales en 2022 y no en 2036, como tenía previsto.