No se trata de dejar de lavarse las manos ni mucho menos. Pero los científicos confirman que un exceso de higiene está detrás de múltiples enfermedades, incluso del alzhéimer. Por Bryan Appleyard

Lucha contra nuestra obsesión por la limpieza», reza un titular de periódico. El artículo amplía. «Tener la casa demasiado limpia puede ser peligroso para sus hijos. Según se ha descubierto, la esterilidad tiene su precio».

«Este artículo (extraído de un periódico indio) es una malísima interpretación de nuestro trabajo y puede causar muertes», asegura el profesor Graham Rook, del University College londinense. El periódico es de Bombay, una ciudad con 18 millones de habitantes y la mitad de ellos, pobres. Un paraíso para los patógenos, los ‘bichos’ que provocan las enfermedades humanas. Decir a estas personas que no se molesten en limpiar bien sus casas supone condenar a muerte a muchas, explica el profesor.

exceso de higiene, suciedad, salud, xlsemanal (2)

Y, sin embargo, la idea tiene cierta base científica. De hecho, estamos hablando de la que posiblemente es la ciencia médica más importante del momento. Dicha idea es la siguiente: primero necesitamos que unos ‘bichos’ malos nos infecten, para que podamos desarrollar nuestras defensas, y luego hace falta que nos infecten unos ‘bichos’ buenos, para seguir gozando de buena salud. Las dos cosas son verdad, pero proclamar que debemos vivir en la inmundicia es abusar de la ciencia. Y es lo que indigna a Rook. «Siempre lo interpretan todo mal».

La idea de que las infecciones pueden resultar positivas, llamada ‘hipótesis de la higiene’ (HH), la lanzó hace 30 años un epidemiólogo inglés. David Strachan estaba tratando de explicar el aumento de la fiebre del heno y el asma durante el siglo XX y concluyó que quizá fuera porque los niños estaban menos expuestos a infecciones. Nos habíamos librado de los ‘bichitos’, y el resultado era un incremento de las alergias.

El peligro de malinterpretar

Esta idea ya venía rondando a la ciencia desde el siglo XIX, pero Strachan le dio un nombre y un titular a la prensa: las alergias se disparaban de forma explosiva. Según él, las familias con menos miembros provocaban que los niños no compartieran tantos gérmenes con los hermanos.
Aquella idea aventurada en bruto por Strachan ha dado origen a una peligrosa mitología popular, pues la higiene -en combinación con los antibióticos- ha salvado millares de millones de vidas. «¿Acaso es mejor que tus hijos enfermen de cólera en lugar de tener alergias?», se pregunta la doctora Molly Fox, antropóloga de la Universidad de Los Ángeles. «Decir que los niños jueguen en el barro o no se laven las manos es muy peligroso para esta hipótesis».

Y, no obstante, la HH sigue capturando la imaginación popular, en gran parte porque encierra algo de verdad. Pero la cosa es complicada. Aún no sabemos con certeza cuál es esa verdad. Lo que sí sabemos es que tiene que ver con los entre 30 y 300 trillones de ‘bichejos’ que nuestro cuerpo lleva encima. Esta masa pululante pesa cerca de kilo y medio y recibe el nombre de ‘microbioma’.

Los ‘bichitos’ que habitan en nuestro cuerpo pesan cerca de un kilo y medio. Lo llaman ‘microbioma’ y nos cura

Dicho microbioma es un legado de hace 500 millones de años. Seguramente apareció en nuestros primeros ancestros vertebrados y continuamos cargando con muchos de sus ‘bichos’. Algo que lleva tanto tiempo con nosotros debe de tener algún propósito útil. Pero a partir del siglo XIX llegamos a la conclusión de que todos los ‘bichos’ eran malos y había que exterminarlos.

Menos defensas

En realidad, solo unos pocos centenares de estos ‘bichos’ son nocivos. Millones viven en nuestro interior sin molestarnos y otros nos mantienen sanos. No sabemos cuántos. En un experimento se analizaron las heces de dos sujetos y se descubrieron 174 especies nunca vistas en un intestino humano y 21 totalmente nuevas. Y quizá existan millones más.

Pero el ser humano ha declarado la guerra a todos los ‘bichos’, amigables o no. Lo hicimos por medio de la medicina -de los antibióticos- y cambiando nuestra vida. Las familias tuvieron menos niños, abandonamos el campo, dejando atrás los ‘bichitos amistosos que flotan en el aire rural’, y redujimos el contacto con animales. Y comenzamos a tomar antibióticos.

Así suprimimos enfermedades terribles: la polio, la viruela, el sarampión, la peste bubónica, el cólera… Pero adquirimos muchas más, tal vez no mortales, pero graves. Además de las mencionadas alergias, la diabetes de tipo 1 explotó. mata a cinco millones de personas al año.

El listado de dolencias contemporáneas presuntamente vinculadas a nuestros microbiomas incluye la mayoría de las enfermedades autoinmunológicas, como la diabetes tipo 1, la inflamación intestinal, la dolencia celiaca y la enfermedad de Crohn. Los trastornos mentales, la depresión en particular, están en lo alto del listado, y otro tanto pasa con el alzhéimer. La antropóloga Molly Fox sugiere que hay una correlación estadística entre el alzhéimer y las mejoras en la higiene. Eso sí, Fox matiza que será precisa mucha más investigación para confirmarlo.

exceso de higiene, suciedad, salud, xlsemanal (2)

El equilibrio entre la higiene y la microbiótica vive un momento delicado por nuestra obsesión por la limpieza. Se trata, no obstante, de mantener a raya a los viejos ‘asesinos’, a la vez que se previene la aparición de nuevos. No hay que asustarse de cualquier microbio…

Uno de los grandes expertos en el tema es el doctor Martin Blaser, de la Universidad de Nueva York y autor de un libro tan lúcido como alarmante: Los microbios nos hacen falta, o cómo el consumo excesivo de antibióticos fomenta las plagas modernas. El libro incluye un sinfín de ejemplos, pero su mensaje central se resume en: «El ser humano ha perdido entre el 15 y el 40 por ciento de su diversidad microbiana». Es decir, tenemos menos defensas.

La teoría de los viejos amigos

«Hace decenios que sabemos que las microbiotas nos protegen contra los invasores. Pero ¿qué sucede cuando la microbiota se reduce? Que la gente es más vulnerable a los invasores. Además, vivimos en un mundo que es más pequeño, todos estamos interconectados, vivimos a tan solo un día de viaje de cualquier aldea en el mundo y este mundo ahora hace gala de gran resistencia a los antibióticos. En pocas palabras: tenemos todos los elementos para la tormenta perfecta».

Fox, por su parte, subraya que patógenos como el zika y el ébola son mucho más peligrosos: los antibióticos han hecho que los patógenos desarrollen su propia resistencia, y pasar más tiempo entre cuatro paredes favorece la aparición de cepas más resistentes.

Esta es la clave del asunto. Y significa que tendremos que seguir preservando los hábitos higiénicos, pero de una forma mucho más selectiva. Será necesario distinguir entre la suciedad buena y la suciedad mala.

En su libro, Blaser predice la llegada de un «invierno antibiótico» en el que no tendremos defensas si surgen epidemias comparables a la peste negra o la gran pandemia de gripe de 1918. Para Blaser, los antibióticos son cruciales en la destrucción de nuestro microbiomas.

Y ¿qué podemos hacer? La respuesta no es fácil. El científico con el que iniciamos este reportaje, el microbiólogo Graham Rook, formuló en 2003 una nueva hipótesis que iba más allá de la HH. La llamó la ‘teoría de los viejos amigos’ (TVA). Por ‘amigos’ se refiere a los seres que han acompañado y ayudado al ser humano; por ‘viejos’ entiende ‘bichos’ y gusanos existentes desde hace millones de años. Es decir, los habitantes de nuestros microbiomas.

Ya no nos morimos de cólera, pero las enfermedades autoinmunes se han desatado

Hay tres grupos de ‘amigos’. Está la tan familiar masa bacteriana y vírica que forma el microbioma; están los helmintos, unas diminutas lombrices parasitarias de las que seguramente podríamos prescindir; y, por último, los ‘bichos’ que pillamos en el entorno.

Estos últimos son muy importantes y no reciben la atención que merecen. Si un día se encuentra en el espacio estéril de una unidad de cuidados intensivos, su microbioma se verá mermado por la falta de contacto con el zoológico pululante que flota en el aire. Cuando salga, lo más probable es que el microbioma recupere lo perdido. Pero eso no sucederá si es un anciano que vive en una residencia y apenas sale de su cuarto. La reducción del microbioma puede ser, de hecho, uno de los principales factores de mortalidad entre las personas mayores. Hablando en términos generales: si te sientes más feliz en el campo que en la ciudad, es porque en tu población de ‘bichos’ es más diversa y está más contenta.


CONSEJOS PARA PROTEGER TU MICROBIOMA

La dieta

Tiene una importancia clave y una solución conocida: comer una dieta variada y con mucha fibra.

Los antibióticos

Evite la medicación innecesaria. Los antibióticos vienen a ser bombas para el microbioma. Su consumo irresponsable fomenta la resistencia de los patógenos. Haga lo posible por no administrárselos a sus hijos, pero con cuidado, pues a veces pueden salvar la vida.

Las cesáreas

Si van a hacerle una cesárea, no tome antibióticos, excepto en caso de absoluta necesidad. «El riesgo de una eventual diabetes de tipo 1 viene a duplicarse si naces por cesárea», explica Tim Tree.

Las infecciones y el parto

Los microbiomas se transmiten de generación en generación, pero no por los genes, sino a través de la infección. Al nacer, el bebé está embadurnado con las bacterias situadas en la vagina de la madre, lo que le aporta una dosis de microbioma sano. Los bebés que nacen por cesárea tan solo reciben las bacterias emplazadas en la piel, y tienen mayor probabilidad de contraer enfermedades autoinmuno-lógicas. Si es preciso recurrir a la cesárea, pida que le hagan un frotis. embadurnar la piel del bebé con un algodón empapado de mucosidad vaginal. La práctica parece funcionar, al menos en parte.

La higiene

Aquí es preciso un equilibrio ‘razonable’. Pero dos consejos. No use jabones antibacterianos, pues solo sirven para aumentar la resistencia de los ‘bichejos’. Y si, por ejemplo, a su bebé se le cae el chupete al suelo, no hace falta que corra a esterilizarlo. Es mejor que lo limpie con la boca. Esto facilitará el traslado de su microbiota a su bebé, lo que es bueno.

Salir al campo

Salga a tomar el aire, en el campo si es posible. La creencia de que las plantas y árboles tienen efectos vigorizantes es cierta. Repueblan tu microbioma.


PARA SABER MÁS

Missing microbes: how the overuse of antibiotics is fueling our modern plagues. Libro del doctor Martin Blaser (en inglés)