¡Me hago el muerto!

Varias especies utilizan la estrategia de la tanatosis -hacerse el muerto-para sobrevivir o para atacar. Son grandes genios de la interpretación. Por Fátima Uribarri

En caso de peligro la zarigüeya de Virginia se tumba de lado, saca la lengua y suelta por el ano un líquido apestoso. Se puede quedar horas así. El mensaje es: no solo estoy muerta, sino que me estoy pudriendo. Es muy convincente. Es una de las campeonas de la tanatosis, la táctica de hacerse el muerto que utilizan varias especies para escapar de sus depredadores. Otra diva de la simulación es la culebra de collar, una serpiente europea no venenosa. Se tumba panza arriba, con la boca abierta, segrega un olor terrible y para aumentar el dramatismo sangra por la nariz y la boca. ¡Qué artista!

Un pez africano se tumba quieto en el fondo: se acerca otro pez, entonces resucita y ¡zas!

Otro genio es el insecto palo: en cuanto detecta peligro, se deja caer rígido e inmóvil. Los chorlitos se hacen los gravemente heridos para que los atacantes de sus nidos vayan tras ellos y, persiguiéndolos, se alejen de sus crías.

También hay quien utiliza la tanatosis para atacar. El Nimbochromis livingstonii, un pez del lago Malaui, en África se deja caer en el fondo y toma un color enfermizo hasta que se acerca un incauto pececillo, entonces resucita y ¡zas!