Stefan Zweig, uno de los autores más populares del mundo durante los años veinte y treinta del siglo XX y cuyos libros siguen admirándose en la actualidad, tenía un secreto

En el libro El ardiente secreto de Stefan Zweig, el periodista Ulrich Weinzierl asegura que Zweig fue un exhibicionista. El escritor se mostraba desnudo compulsivamente ante otras personas, especialmente en los parques. Muy pocos conocían su secreto más íntimo, y sus diarios -al menos las páginas que han llegado hasta nosotros- solo contienen veladas alusiones. Sin embargo, el rumor llevaba bastante tiempo circulando.

“A mí nunca me lo reconoció, pero en su círculo íntimo era algo sabido”, afirmó el escritor Thomas Mann en una carta

En una carta de 1954 dirigida al médico Paul Orlowski, Thomas Mann afirmaba que Stefan Zweig habría sido un exhibicionista. «A mí nunca me lo reconoció, pero en su círculo íntimo era sabido, y también que padeció situaciones terriblemente penosas por ese motivo». Benno Geiger, marchante de arte y durante un tiempo amigo de Stefan Zweig, hace mención de este asunto en sus memorias: «Él mismo me habló de ello. Sufría adicción al exhibicionismo. A esta perversión la describía con un término acuñado exprofeso: ‘schauprangertum’. Sus lugares predilectos eran los senderos del parque de Schönbrunn, sobre todo la antigua Casa de Simios».

Hasta ahora los biógrafos de Zweig no han dado crédito al testimonio de Benno Geiger, quien más tarde fue miembro del partido nazi y mostró hacia Zweig una abierta antipatía. Los biógrafos también han obviado las apariciones del misterioso término ‘schauprangertum’. Es sobre este detalle sobre el que Weinzierl construye su labor detectivesca.

Los diarios

El 10 de septiembre de 1912, Stefan Zweig anotó en su diario: «Luego paseo, Liechtenstein, schaup. El objetivo, demasiado joven y sin gran interés. Mayor sorpresa de lo concebible en adecuado estado psicológico. Menos excitante pero también más peligroso, conviene evitar, igual que Liechtenst». El comentario que acompaña a esta entrada en la edición de los diarios publicada por Knut Beck señala: «Liechtenstein, schaup.: no se han encontrado referencias a estos conceptos en su obra literaria». Para Weinzierl está claro que ‘schaup’ es la abreviatura que Zweig usa para ese término personal con el que se refería a su adicción: ‘schauprangertum’. De ser cierto, Stefan Zweig se exponía a un grave peligro. Si lo descubrían, no solo sería reprobado por la sociedad -y Zweig fue muy famoso-, sino que además los exhibicionistas sorprendidos in fraganti iban a la cárcel.

“Sé que libero algo en las mujeres, pero también en los hombres”

Ulrich Weinzierl también alude en su libro a la antigua sospecha de que Zweig era homosexual. Pero no ha encontrado pruebas al respecto, más allá del hecho de que Zweig tenía muchos amigos homosexuales y de que mostró un conocimiento íntimo de la vida homosexual en su relato La confusión de los sentimientos. Pero sí le parece evidente que Zweig vivió torturado por su afición exhibicionista.


Sus mujeres

Stefan Zweig se suicidó en Brasil en 1942 junto con su segunda mujer, Lotte Altmann, treinta años más joven que él y que había sido su secretaria. Por Lotte había dejado Zweig a su primera mujer, Friderike von Winternitz, con la que estuvo casado 28 años. El escritor tuvo una vida amorosa muy activa. Ellas lo encontraban muy atractivo. «Me insinúo a una dama, una escultora, y en un santiamén está conmigo en la cama», cuenta en su diario. «Debo evitar que todo se reduzca a sexo, peligro que de verdad nos amenaza», anota en otra ocasión, en los días del cortejo inicial con Friderike.