La obra del profesor inglés, autor de “El hobbit”, es una sopa, cocida a fuego lento, elaborada por diversos ingredientes. Estos son los diez principales. Por Rodrigo Padilla

01. Las lenguas

Le entusiasmaron desde pequeño y marcaron su futuro académico como filólogo en Oxford. Pero más que las lenguas clásicas, las más importantes para su obra fueron las que inventó, como las élficas, sonidos hermosos inspirados por un concepto real o abstracto, y en las que hay influencias del latín, el galés y el finés. Luego vinieron el numenoreaneo, y las lenguas de Mordor, Rohan y del resto de pueblos imaginados de sus narraciones.

02. La mitología

Su interés por las lenguas antiguas lo llevó a la literatura medieval y al mundo de las mitologías. Estudió noruego antiguo e islandés para leer las Eddas escandinavas, y finés para acercarse al poema épico Kalevala. También conocía a la perfección las mitologías celta, griega, hindú y judeocristiana. Tolkien incorporó elementos de todas ellas a su universo: el mago Gandalf, una especie de Odín errante; el simbolismo de los anillos; el concepto de la Tierra Media, a medio camino entre el mundo superior de los dioses y el inferior de los demonios; los elfos…

03. Los detalles

Para él eran una obligación. Interiormente, cada idea o palabra le exigían una explicación exhaustiva, una razón de ser. Al mismo tiempo, consideraba que los mitos que narraba, para ser verosímiles, debían tener una gran riqueza de detalles. Por eso se explayaba en las descripciones, trazaba mapas, inventaba nombres, imbricaba historias, retomaba personajes, intercalaba canciones o construía genealogías completas, para que cada pieza del relato encajase a la perfección.

04. La naturaleza

Tolkien era un amante de la naturaleza y conocía bien la vida de la Inglaterra rural por haber vivido allí de pequeño. Sus bosques y campiñas fueron la base para crear La Comarca, el país de los hobbits. «Piense en el poder de un bosque marchando», le comentó una vez a un amigo mientras paseaban. Esos árboles marcharían más tarde en su imaginación para destruir Isengard, la fortaleza del mago Saruman.

05. El conservadurismo

Es una de las críticas a su obra. Tolkien era un católico fervoroso, más tradicionalista que conservador, pero sobre todo era ecologista y una especie de precursor de la antiglobalización que defendía una visión espiritual del mundo. Esas ideas no lo llevaron a escribir sus libros, pero sí se reflejaron en ellos en forma de admiración por el universo y gratitud por la creación.

06. La guerra

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, sus amigos corrieron a alistarse, pero él esperó a obtener su graduación. Su destino fue Francia, adonde llegó en junio de 1916 para combatir en la batalla del Somme. En aquel infierno de bombas y barro. Tolkien perdió a muchos amigos, pero descubrió la lealtad, la camaradería y el sacrificio. La guerra se convirtió para él en un compendio de los males de la modernidad, una idea que ronda por toda su obra.

07. Su esposa

Edith fue también su musa. La conoció cuando tenía 16 años y ella, 19. Vivían en la misma pensión, se enamoraron y se hicieron inseparables. Pero el padre Morgan, su tutor, le prohibió volver a verla hasta que cumpliese 21 años. Él esperó, pero ella ya se había comprometido con otro hombre, aunque accedió a romper el compromiso para casarse con él. Este tema del amor prohibido y la lucha contra toda esperanza aparece en las relaciones que Tolkien construyó entre hombres mortales y elfas inmortales.

08. Los amigos

Tolkien siempre tuvo un pequeño grupo de amigos que compartían sus gustos y aficiones. Los primeros fueron tres alumnos de la escuela King Edward, en Birmingham, con los que charlaba de poesía y literatura medieval. Más tarde, ya en Oxford, se incorporó a uno de esos clubes tan habituales en el mundo universitario anglosajón, los Inklings (“nociones” o “ideas vagas” en inglés). Este grupo, formado por una quincena de profesores, fue el que lo animó a publicar sus obras.

09. La alegoría y el escapismo

Pese a que se ha apuntado miles de veces, El señor de los anillos no es un canto contra la guerra ni una alegoría sobre los males del nazismo o el régimen soviético ni una defensa del cristianismo. El mismo Tolkien lo negó reiteradamente. También le molestaba que tacharan su obra de escapista, un término tradicionalmente asociado a la literatura fantástica.

10. La semilla

El universo de Tolkien nació gracias a unos versos. En 1913, mientras leía el poema Crist, de un escritor anglosajón del siglo VIII, se detuvo ante las siguientes palabras: «Salve, Earendel, el más brillante de los ángeles, enviado a los hombres sobre la Tierra Media». Aquello le abrió los ojos y un nuevo camino. «Detrás de aquellas palabras había algo muy remoto, raro y hermoso… si lograba asirlo», escribió.