La princesa de Gales pasó de ser una tímida aristócrata a un icono mundial de la moda. Ahora, 20 años después de su muerte, su estilista, Anna Harvey, nos lo cuenta todo. Por Anna Harvey / Fotos: Cordon Press y Getty Images

Conocí a Diana de Gales una mañana en el despacho de Beatrix Miller, entonces directora de Vogue, donde yo trabajaba como editora de moda. Diana estaba allí sentada, en compañía de su madre. La habíamos fotografiado para un reportaje sobre las chicas de la alta sociedad, y el compromiso real se anunció el mismo día en que el reportaje salió publicado. Madre e hija me explicaron que andaban buscando unos zapatos a juego con un vestido de noche; Diana sacó del bolso un retal de seda color albaricoque para que me hiciera una idea. En ese momento empezó nuestra relación laboral. Fui corriendo a la tienda de Manolo Blahnik y, sin saber que estaba haciendo historia de la moda, el español le confeccionó unos zapatos a juego con el vestido. A partir de entonces, Diana y yo trabajamos juntas durante 16 años.

“¿Cómo demonios se me ocurrió que se pusiera esas hombreras? No siempre acerté”

Pero yo no intervine en su vestido de boda. Enviaron a la princesa al estudio de Emanuel antes de que yo me involucrara. A la prensa no le gustó mucho, porque estaba lleno de arrugas. Pero es lo que tiene el tafetán fino como el papel.

Diana de Gales

La princesa apareció en Vogue con una blusa de Emanuel (1981). El enlace se anunció el mismo día de la publicación del número de la revista. «El modelo fue copiado y vendido por todas partes»

Mi primer trabajo fue reunir su ajuar: ropa para su luna de miel. Iban a zarpar en el yate Britannia y visitar puertos del Mediterráneo. Diana pasaría gran parte del tiempo junto a la piscina, pero luego necesitaría algo arrebatador para las noches. Por entonces había una tienda fantástica llamada Mexicana, donde confeccionaban unos maravillosos vestidos mexicanos blancos plisados. Compramos dos o tres, y unas cuantas blusas de campesina, y se los enviamos. Nunca vi que se los pusiera, pero a su vuelta me escribió una carta amabilísima diciendo que todo había sido perfecto.

Embajadora de la moda británica

Al principio había gran indecisión. Ninguno de nosotros sabíamos mucho de etiqueta real. «Vamos a Balmoral y voy a necesitar ropa para el té», nos decía, y entonces teníamos que adivinar a qué estilo estaba refiriéndose. Recuerdo que muy pronto decidió no llevar guantes. En la familia real todas los llevaban, pero Diana no.

Diana de Gales

Este abrigo diseñado por Emanuel lo estrenó en Venecia en 1985. «No funcionó», explica Lynn. Al principio, la princesa intentaba complacer a todos. Con el tiempo «creó su propia imagen»

En 1983, durante una visita a Australia vistió un modelo blanco y asimétrico con un hombro desnudo creado por un diseñador japonés poco conocido y afincado en Londres llamado Hachi, a quien yo le presenté. Causó sensación. Fue el primer vestido largo, ajustado y sexy que Diana se ponía delante de todo el mundo.

Fue una prueba de que Diana estaba creciendo y convirtiéndose en una mujer. Atrás quedaba la joven de 19 años debutante en la alta sociedad. Sin embargo, el vestido no fue bien recibido. Era vanguardista para la moda de entonces, y muchos lo tildaron de «excesivo» para la princesa de Gales. Estaba demasiado guapa. Pero ella aprendió la lección: se dio cuenta de que, si era lista, podía enviar un mensaje con lo que llevara puesto.

Diana descubrió que podía dar un mensaje a la prensa con la ropa que llevaba puesta

Solíamos reunirnos cada vez que iba a hacer un viaje importante, y yo me presentaba en palacio con un montón de looks. Pasábamos la mañana probando una cosa tras otra. Cierta vez se puso un vestido en terciopelo negro con una falda en tafetán gris de Murray Arbeid. «¿Te importa si llamo a mi marido para que eche un vistazo?». El príncipe Carlos entró y sonrío divertido al ver a su mujer envuelta en este vestido extraordinario, mientras yo estaba en el suelo ajustándole la falda.

Diana de Gales

La mujer en la sombra. Diana de Gales asiste al desfile del diseñador Joe Casely-Hayford junto con su estilista, Anna Harvey. Era el año 1995

Hubo algunas elecciones menos afortunadas. Hoy veo esas piezas con las hombreras enormes y me pregunto: «¿Cómo demonios se me ocurrió hacer que se pusiera algo semejante?». Pero si hablamos de éxitos, nunca olvidaré el vestido de terciopelo azul de Victor Edelstein que lució en la Casa Blanca cuando bailó con John Travolta. A partir de entonces se convirtió en embajadora de la moda británica.

Al igual que la reina, Diana sabía que la gente hacía cola durante horas bajo la lluvia, con frío o calor, solo para verla. Por eso incorporó color a su vestuario. También le gustaba el estilo travieso. En la botadura de un barco causó sensación con un modelo a rayas blancas y azules acompañado por un gorrito de marinero.

Diana de Gales

Este vestido de 1997 muestra la seguridad en sí misma que alcanzó Diana. «Es el de una madre trabajadora, y la maduración de su estilo», afirma Lynn

Con el tiempo, Diana se fue volviendo más osada, más segura. Un día, su peluquero me comentó: «¿No te parece que estaría guapísima con un Versace?». A partir de ese momento, muchos de sus vestidos fueron de Gianni Versace.

En los últimos tiempos, Diana era una persona muy independiente. De vez en cuando llamaba y decía: «Quiero un vestido rojo. ¿Has visto uno bonito?» [Ahora que lo pienso, era posible que me llamara para darme un poco de trabajo, por hacerme un favor]. Entonces llamaba a los diseñadores. Como es de esperar, para ellos era un honor y al momento se presentaban en el palacio para tomar medidas.

VESTIDOS QUE DEFINIERON A DIANA

1985: el vestido de su ‘proclamación’

Diana de Gales

El modelo más famoso de la princesa es el vestido de noche en terciopelo azul noche diseñado por el británico Victor Edelstein que Lady Di llevó durante una cena en la Casa Blanca auspiciada por Reagan y en la que bailó con John Travolta. Desde ese momento se convirtió en un icono de moda. Se vendió en subasta por 240.000 libras en 2013.

1986: empezó a divertirse con la moda

Diana de Gales

«A Diana le gustaba jugar», dice Lynn. Ese diseño de Murray Arbeid es un ejemplo. Con su aire flamenco, lo eligió para un baile de gala durante su visita a España en 1987. La elección de los guantes convirtió el conjunto en inolvidable: uno negro y otro rojo, haciendo un travieso guiño al protocolo. «A veces puedo ser un poco escandalosa, pero me gusta. A veces», dijo la princesa.

1989: un vestido icónico

Diana de Gales

«Rompedor, pero regio» fue la consigna a la que Catherine Walker se atuvo cuando diseñó vestidos para la princesa. «Walker era consciente de que estaba creando un uniforme regio, como los modistos de la corte siglos atrás», comenta Lynn. El vestido está inspirado en los collares con gola del periodo Tudor. Fue creado para una visita a Hong Kong y sus veinte mil perlas son un guiño a la cultura oriental.