En China, poseer un ‘château’ en Burdeos es el mayor de los lujos. Comandados por el fundador del gigante digital Alibaba, Jack Ma, los millonarios de ese país se han lanzado a la conquista de esta región francesa… y de su gran negocio vinícola. Por Simone Salden / Fotos: Cordon Press

Un maldito sacacorchos, por Dios! En esta cocina descomunal tiene que haber uno». Li Lijuan pone los brazos en jarras. Château Mylord fue, durante cinco generaciones, propiedad de una familia de Burdeos, pero parece que al irse los franceses se llevaron hasta el sacacorchos.

Zhao Wei es, según Forbes, «la actriz en activo más rica del mundo». Esta megaestrella china compró en 2011 los viñedos de Château Monlo

En 2013, Lijuan -una agente inmobiliaria- le vendió este castillo y las 44 hectáreas de viñas que lo rodean a Edwin Cheung, un magnate de Hong Kong. No es el único. En apenas nueve años, muchos de los castillos de la región vinícola más famosa de Francia han pasado a manos chinas.

El nuevo propietario de Château Mylord ha invertido 12 millones de euros en el castillo. Puede que no haya sacacorchos, pero hay una piscina cubierta, un piano de cola (eléctrico), camas para 17 invitados, un campo de golf y un karaoke conectado a un servidor en Hong Kong.

estilo, chinos, vino, burdeos, xlsemanal Jack Ma, fundador de Alibaba y segundo hombre más rico de China, se sumó al boom en febrero de 2016, cuando compró su Château de Sours (izda.). Un año después posee otros tres

Los nuevos propietarios pasan pocas semanas al año en su castillo. De vez en cuando, Jack Ma -fundador de Alibaba y segundo hombre más rico de China- viene a cantarse una canción. Este magnate, con una fortuna estimada en 20.500 millones de dólares, es vecino de monsieur Cheung y su reactor privado aterriza cada vez más a menudo en el aeropuerto de Burdeos. No en vano su Château de Sours está a cinco minutos en coche. Aunque no es su única propiedad en la región.

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Este Bill Gates chino y una docena de socios -empresarios, especuladores o actores que han ganado sus fortunas con operaciones inmobiliarias, parques de atracciones o videojuegos- están comprando casas y viñedos en el suroeste de Francia prácticamente a un ritmo mensual.

No hay que extrañarse: China es el principal destino de las exportaciones de vinos franceses. El 60 por ciento de los vinos europeos que se venden en China procede de Francia y, de ellos, el 60 por ciento son de Burdeos. Y subiendo. En 2015 se vendieron en China unos 64 millones de botellas de Burdeos, un 31 por ciento más que el año anterior. Conclusión: los chinos no quieren dejar este boyante negocio en manos francesas.

Símbolo de estatus

En China, el término ‘Burdeos’ es sinónimo de lujo. Un modo de demostrar gusto y cultura. «Un castillo aquí es ahora el mayor símbolo de estatus», dice Li Lijuan. Y bastante asequible para su clientela. Por unos cuatro millones de euros, en Hong Kong puedes comprarte un apartamento pequeño, pero en Francia te da para un château.

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Richard Shen Dongjun es dueño de Tesiro, cadena de joyerías con 400 tiendas, y, desde 2011, también del Château Laulan Ducos. Abajo, con la toga de la Confrerie des Crus Bourgeois

Este club de selectos millonarios fundó hace un año una sociedad mercantil dedicada a los vinos de Burdeos. Cellar Privilège está especializada en su comercialización en toda Asia. El negocio funciona a través de Internet. Los vinos proceden de más de 60 viñedos, entre ellos unos 40 del grupo de inversores reunidos en torno a Jack Ma. Su vino, Château de Sours, también forma parte del catálogo, al igual que el Château Monlot, de la actriz, modelo y cantante pop Zhao Wei.

Los chinos están comprando casas y viñedos en la zona a un ritmo de una docena al mes

Esta estrella china, a la que Forbes define como «la actriz en activo más rica del mundo», recibió su castillo de diez millones de euros, en 2011, como regalo de su marido, el empresario Huang Youlong. La pareja, entre otros negocios, posee una participación de 400 millones de dólares en Alibaba Pictures y se estima que ambos podrían ser ya dueños de más de 60 hectáreas de viñedos en la región. Wei, jurado en el último Festival de Cine de Venecia, es la reina del vino entre los inversores chinos: la botella de Château Monlot, tirando a corriente, costaba 11 euros. Ahora que la etiqueta luce el autógrafo de su dueña, su precio alcanza los 32 euros, sin que haya mejorado la calidad de las cepas.

Contra la desconfianza

Nada que preocupe a la hermandad vinícola Jurade de Saint-Émilion. A pesar de su marcado carácter tradicional -sus miembros visten una toga roja-, Zhao Wei fue acogida con los brazos abiertos. Pocas veces un nuevo miembro llega con 73 millones de seguidores en Weibo, el Twitter chino. Tampoco importa que los recién llegados beban los vinos más nobles como si fueran chupitos, al grito de «ganbei» (‘de un trago’).

La venta de vino de Burdeos en China creció un 31 por ciento el último año. Los chinos también quieren entrar en el negocio

«También hay gente que desconfía de los chinos», revela Hervé Grandeau. A los críticos, el presidente de la Fédération des Grands Vins de Bordeaux les cuenta que la región siempre ha estado ligada a inversores extranjeros. Británicos, belgas y alemanes han influido en el desarrollo de la región y muchas bodegas lucen en el nombre su legado alemán.

Grandeau, cuya organización representa a unos 6000 viticultores, cree que no hay que sacar las cosas de quicio. En toda la región hay unas 8000 explotaciones vinícolas y, por ahora, los chinos se han hecho con un tres por ciento de los mejores viñedos. «Y en esa lista no figura ningún Grand Cru Classé», añade.

Ese es, sin embargo, el primer deseo que su exigente clientela suele formular a personas como Li Lijuan. «Todos quieren comprar un viñedo de la categoría de un Mouton Rothschild o un Cheval Blanc -cuenta la agente inmobiliaria-. Pero conozco a mis compatriotas». Llegado un momento, todos quieren obtener un rendimiento de su inversión.

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Jin Shan Zhang es dueño de una agencia de viajes y de una marca de bebidas alcohólicas muy popular. En 2012 compró el Château du Grand Mouey para crear un centro de intercambio cultural chino-francés

A sus clientes, acostumbrados a comprar lo mejor de lo mejor, les explica que un viñedo no es una start-up y que jugando a ser viticultor se puede perder mucho dinero. De hecho, uno de los viñedos más caros comprados por chinos -Château Bellefont-Belcier, 30 millones de euros- se revendió a los tres años. Al nuevo propietario, un corso, le moverían objetivos más a largo plazo que a su predecesor.

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Chung Keung Loo, presidente de un holding agroalimentario con sede en Hong Kong, compró el Château Lagarosse en 2011. Asegura que quiere devolver a la marca su antiguo prestigio

No hay que pasar por alto uno de los motivos detrás de este fenómeno de adquisiciones por parte de los chinos: la crisis económica ha golpeado duro a las dinastías vinícolas francesas. Hasta 2008 había más de 10.000 viticultores en la región. Desde entonces, 150 viñedos bordeleses cierran sus puertas cada año. «Los chinos tienen el dinero que hace falta para preservar una tradición única», dice Li mientras hace oscilar el vino en la copa que sostiene tras localizar al fin un sacacorchos. Luego, en voz baja, admite que en estos momentos solo tiene una preocupación: «Que algún día se me acaben los castillos».


Un negocio con riesgo

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En 2012, un industrial pagó 30 millones de euros por el Château Bellefont-Belcier. El viñedo, un Grand Cru Classé, fue el primero de esta categoría en manos de chinos. Lo vendió tres años después al no ver suficiente retorno en la inversión.