La ‘Calçotada”

REINOS DE HUMO

¿Han oído hablar de los calçots? Se trata de un tipo de cebolla tierna que se cultiva en algunas zonas de Tarragona. Asados sobre un fuego de sarmientos, se envuelven en papel de periódico o de estraza para que se ablanden y se mantengan calientes y se sirven sobre una teja. Los comensales, con grandes baberos para no mancharse, cogen el calçot y le sacan la primera camisa, ennegrecida por el fuego. No es fácil. Además de tiznarse las manos y de quemarse, en la operación se puede perder buena parte de la cebolla. La parte blanca interior se moja en una salsa conocida como salvitjada, similar a la romesco. Estamos ahora en el mejor momento para disfrutar de su peculiar sabor, un punto dulce. Se suelen comer en las llamadas calçotadas, reuniones de amigos que comparten un menú que también incluye carne de cordero y butifarra negra hechos en las brasas. De postre, crema catalana y naranjas. Y para beber, un tinto joven o cava, siempre en porrón. Popularizadas en los años sesenta, su fama atrae a multitud de visitantes a Valls, la capital del calçot, donde el 29 de enero se celebrará la fiesta anual que supone el pistoletazo de salida para la temporada. Todos los restaurantes de esta localidad y de sus alrededores los ofrecen. Prueben los de Cal Ganxo, en Masmolets, encantador pueblo medieval, y los de Masía Bou, donde llevan haciendo calçotadas desde 1921.