Dos platos y postre

REINOS DE HUMO

Al movimiento reivindicativo patrio, hoy tan fortalecido, solo le falta una asociación de defensores de los dos platos y el postre, una minoría arrastrada casi hasta la exclusión social en estos años de empoderamiento de las dietas, la vida sana, la alta cocina en miniatura, la comida rápida y hasta la nueva costumbre de primeros al centro de la mesa. El éxito internacional de la tapa como representación de la cocina española los ha dejado sin oportunidad de objetar. Hablo de ciudadanos que deben ocultar en público su predilección por tener sus propios platos de sopa, primero, y después, de carne o pescado, sin compartir. Personas que en las grandes ciudades viven en semiclandestinidad, aceptando sin rechistar la sempiterna propuesta: «¿Picamos algo y luego cada uno elige su segundo?». Los más pecadores, los que además de tragones son golosos, han dejado para la intimidad de sus hogares el rito de zamparse una ración de postre completa. Son feligreses que viven en las inmediaciones del fiel de la balanza de la vida y que sufren tanto los días de escasez como los de exceso, que se afligen también cada vez que acuden a una casa con estrellas Michelin y se ven obligados a tragar con el menú degustación de 25 pases. Roguemos para que su padecimiento llegue a su fin y tengan en esta vida días de felicidad ante una cuchara y un hondo imperial.