España, el paraíso del okupa

ARENAS MOVEDIZAS

A la vista de cómo transcurren las costumbres, los hechos consumados, la realidad vigente, la sucesión de relatos particulares y la normativa en general, no sé qué hace usted pagando una hipoteca o alquilando un piso. Piense en ese mes en el que cree que no va a llegar, en esos días en los que no le llega la camisa al cuello por ese dinero que le deben y que no le pagan, en esos días en los que se priva hasta de una ducha con tal de cuadrar los gastos y cumplir con lo debido… ¿sabe que podría ahorrarse todas esas angustias haciéndose okupa? Sí, ya sé, eso es ser delincuente, robar lo de otro y tal y tal, pero…

La estupidez normativa y la ausencia de respeto por la propiedad privada a la que se ha llegado en España hacen de este desgraciado país el paraíso perfecto del usurpador que ocupa viviendas ajenas. Entrar en una casa vacía es relativamente fácil: patada a la puerta y cambio de cerraduras. De hecho, la técnica es la misma aunque la casa esté habitada. Usted está de vacaciones o tiene una vivienda pendiente de alquilar y un par de ladrones entran por la cara, se instalan en su interior, cambian la cerradura y ahí se quedan, favorecidos por la ley y los jueces, el tiempo que quieran. Si usted, además, pretende hacerse con su propiedad y cambia a su vez la cerradura aprovechando la ausencia de los ocupadores, puede ser denunciado por ellos. Incluso puede ser condenado por allanamiento de morada. Aunque la morada sea suya. Cuando alguien entra en una propiedad, aunque tenga propietarios legales, echarlos de ahí es toda una odisea.

Bandas perfectamente organizadas han encontrado en este negocio una forma de obtener grandes beneficios. Buscan pisos vacíos en Internet y anuncios de venta de inmuebles. Si son de bancos, mejor, ya que una entidad bancaria reacciona con alguna lentitud mayor y suele inclinarse por negociar alguna compensación con los ocupadores para que abandonen el inmueble. El okupa paga una pequeña cantidad a esa organización que le ha ‘encontrado’ vivienda y sabe que tiene un tiempo suficiente para instalarse a sus anchas antes de que la justicia lo eche, si es que lo echa. Cuando eso ocurre, busca otro piso y sanseacabó. El dinero que han pagado por ‘su’ vivienda incluye la toma ilegal de corriente, por supuesto. Si el propietario quiere cortar el agua mediante impago, es requerido por la autoridad judicial: debe de hacerse responsable del suministro de quien vive en esa casa hasta que el juez no compruebe debidamente quién es el dueño. Puede tardar todo el tiempo que ustedes imaginan. Por demás, es gente de escasa capacidad de relación racional y educada: allá donde ocupan crean conflicto, ya que las normas de convivencia no suelen ser su especialidad. Normal, habida cuenta de que son delincuentes.

Madrid y Barcelona cuentan con alcaldesas que resultan amigas del Movimiento Okupa. Tanto del contracultural como del delincuencial puro (el primero también está inspirado en una forma de delincuencia, pero está disfrazado de protesta social). Desde que ambas rigen sus respectivas ciudades, las ocupaciones se han disparado. Y en ellas ha surgido un interesante negocio que consiste en ‘desocupar’ las viviendas. Una de esas empresas, formada por tipos de aspecto contundente, logra la expulsión de los individuos que le chulean el piso en no demasiadas horas: vigilan el inmueble, cambian cerraduras cuando han salido los ladrones y esperan en la puerta la vuelta de estos para afearles su conducta y hacerles ver que en esa casa vuelve a estar el legítimo dueño. Su eficacia es absoluta. Bien, pues para impedir la acción de esta gente y proteger a los delincuentes, la alcaldesa Colau ha ordenado a la Guardia Urbana barcelonesa que impida la expulsión de los ocupantes ilegales de una vivienda, sea cual sea. El mundo al revés: la Policía custodiando a delincuentes por orden de la alcaldesa.

Cualquiera puede darle una patada a la puerta de su vivienda e instalarse dentro. Y denunciarle si usted quiere volver a entrar. Saben que tienen las de ganar porque, además, los jueces españoles les hacen caso y admiten las denuncias de usted en su contra. La inoperancia e inutilidad de los magistrados españoles parece tan cómplice como la conducta de las alcaldesas con alma de ocupadoras.

Por eso le digo que o bien actúe muy rápido, o bien llame a Desokupa, o bien, ya puestos, hágase usted también okupa. Tendrá la ley de su lado y saldrá ganando.