Ataúd abierto

MI HERMOSA LAVANDERÍA

En 1955, un chico negro de 14 años, Emmet Till, fue torturado y linchado, ante el silencio de la población de una pequeña ciudad en Misisipi, por dos hombres blancos que fueron absueltos a pesar de que se probó ampliamente su culpabilidad. Lo acusaban de piropear y manosear a una camarera blanca, que años después declaró que nada de eso había ocurrido. La madre de Emmet Till, que era su único hijo, pidió que dejaran su ataúd abierto para que todos pudieran ver las torturas a las que este había sido sometido. A la pintora (blanca) Dana Schutz este suceso le causó una fuerte impresión y decidió pintar un cuadro –Open casket (‘Ataúd abierto’)- sobre él, que hoy cuelga en la Bienal del Whitney Museum. Desde el momento de la apertura de la muestra, Open casket ha causado una notable controversia. El artista (negro) Parker Bright se coloca cada día durante cuatro horas ante él, impidiendo que el público lo vea, con una camiseta que en su parte de atrás reza Black death spectacle (‘Espectáculo de la muerte negra’). Otra artista negra, la británica Hanna Black, ha enviado al Whitney una carta pública en la que pide que el cuadro sea retirado y destruido porque «no es aceptable para una persona blanca transmutar el sufrimiento negro en arte con el fin de obtener un beneficio, práctica que desgraciadamente se ha normalizado con el tiempo». Los programadores de la Bienal, Chris Lew y Mia Locks, no han querido retirar la pintura. La artista Dana Schulz, por su lado, ha dicho que ÿ«desde luego no puede saber qué es ser negro en América, pero sí qué es ser una madre y eso es lo que me hizo pintar el cuadro».

Las controversias sobre la apropiación cultural son tan viejas como la cultura. Cuando Flaubert publicó Madame Bovary, algunos de sus críticos le reprocharon que era imposible que supiera qué le pasa por la cabeza a una mujer, a lo que él respondió con su famoso «Madame Bovary c’est moi». El arte es una vaselina telúrica que nos permite transformarnos en un árbol, un hombre, un niño, una mujer, una cabra, un soldado de las legiones romanas o un traficante de especias veneciano del siglo XVI.

Cuando arte y realidad chocan en la carne de un cuadro que representa un hecho histórico que sigue perpetuándose y afectando a toda una comunidad, no hay manera de discernir quién está en posesión de la legitimidad, porque todos lo están. la comunidad negra, harta de paternalismos y de la violencia que les impide habitar de manera natural su lugar en el mundo. Y la comunidad de artistas blancos y negros, que debería poseer la libertad de hablar de todos los mundos posibles: negros, marrones, amarillos, blancos, sin color. ¿Se imaginan un mundo donde todo esto diera igual?