El dedo en la llaga

REINOS DE HUMO

Muchos de ustedes saben de Sacha Hormaechea, un tipo irredento que da de comer sin complejos y con mucho acierto en la casa madrileña que lleva su nombre desde hace cuarenta y pico años. Ni las modas han pasado por Sacha ni Sacha ha pasado de moda. Siempre lleno. Lo que se dice un clásico. El hombre, de paladar fino, cabeza rápida y lengua larga, me dejó pensando el otro día. Hemos vivido unas décadas gloriosas de triunfo patrio. Ni el fútbol ni los fogones eran lo que solían: campeones del mundo en lo primero y los mejores cocineros del planeta en lo segundo. El New York Times, a los pies de Ferran Adrià. Pues ahí estaba la bola cuando Hormaechea afirma que «la cocina española no está reconocida en el mundo» y que «no sabemos defender lo nuestro». El hombre explica que una cosa es que una docena de chefs hayan alcanzado notoriedad internacional y otra que la cocina española haya conquistado algo. A la hora de la verdad no tenemos ningún plato representativo a nivel mundial, salvo el chorizo, del que además nos avergonzamos. En cualquier restaurante de cualquier parte del planeta hay tatakis, tartares, pasta y hamburguesas, pero no hemos conseguido colocar fuera de casa ni el alioli ni el gazpacho, una de las mejores sopas frías que se han inventado. Lo que por esos mundos llaman ‘paella’ puede ser cualquier tipo de arroz con cosas. Y las tapas, ese invento tan español, es un formato expoliado, presente ya en bares de cualquier país, por supuesto sin reconocimiento de origen. ¿Qué opinan ustedes? Como es domingo, yo me voy a sentar un rato a pensar.