Es la autora del mayor fenómeno editorial de los últimos años. El éxito de ‘La chica del tren’ ha convertido a la británica Paula Hawkins en una de las mujeres más influyentes del mundo, según la BBC. Ahora, a punto de lanzar su segunda novela, habla en exclusiva con ‘XLSemanal’. Por Ixone Díaz Landaluce

Estaba arruinada, deprimida y desmoralizada. su última novela romántica había sido un fracaso absoluto: apenas había vendido milejemplares…

Paula hawkins, que estudió en Oxford y fue periodista financiera antes que novelista, le pidió dinero a su padre para sobrevivir una temporada. Y se puso a escribir su novela más oscura. La chica del tren llegó a las librerías en 2015, y en pocos meses se convirtió en un fenómeno editorial. Maestros del suspense como Stephen King elogiaron públicamente a su autora, y Hollywood estrenó el año pasado una adaptación de la historia con Emily Blunt en el papel principal. El libro, un thriller cuya protagonista es una mujer alcohólica que sufre lagunas mentales, ha vendido ya más de 20 millones de ejemplares en todo el mundo.

Su próxima novela, Escrito en el agua [Editorial Planeta];, una intriga que gira alrededor de dos hermanas, llega el 23 de mayo a las librerías españolas y Hawkins está abrumada por las expectativas creadas. Nos encontramos con ella en Los Ángeles, donde se halla discutiendo los detalles de la adaptación cinematográfica de la nueva novela con un gran estudio de Hollywood.

XLSemanal. ¿Qué tal lleva esto de estar al otro lado de la grabadora?

Paula Hawkins. Me gusta hablar con periodistas, pero odio hacerme fotos. Hablar de ti misma es raro, pero así funciona este negocio…

XL. Su segunda novela llega rodeada de expectación. ¿Nota la presión?

P.H. Sí, y no es agradable, la verdad. Mucha gente espera mi libro y me siento nerviosa, vulnerable. Espero que los lectores disfruten, pero si no es así tendré que aceptarlo. Lo bueno de ser escritor es que siempre te queda el próximo libro.

XL. ¿Qué me puede contar de este libro sin destriparlo?

P.H. La relación central es la de dos hermanas: una de ellas muere y la otra quiere descubrir qué ha pasado. El libro habla de las relaciones familiares y de cómo nuestros recuerdos nos convierten en lo que somos.

XL. La memoria es un tema recurrente en su obra. ¿Por qué le fascina tanto?

P.H. Me interesa cómo construimos nuestra identidad alrededor de los recuerdos. Tu personalidad la moldean los recuerdos de tu infancia. Pero qué pasa si descubres que algo en lo que siempre habías creído no es real?

XL. ¿Ha tenido alguna experiencia similar?

P.H. Hablando con mi madre, me di cuenta de que recordaba con precisión haber estado en una reunión con amigos en nuestra casa de Inglaterra, pero en realidad yo no estuve. Recordaba incluso haber comido helado. Cuando te ocurre algo así, es muy desconcertante.

XL. Fue periodista durante muchos años. ¿Le gustaba el trabajo?

P.H. Me encantaba. Empecé a trabajar como periodista financiera especializada en Europa del Este. Me mandaban a lugares como Bulgaria a entrevistar a grandes magnates. Pero sabía que nunca sería una gran periodista. Era demasiado tímida. Me gustaba escribir, pero no tratar de sacarle la verdad a la gente. Me daba vergüenza.

XL. Y empezó a escribir novelas románticas por encargo, pero terminó haciéndoles cosas horribles a sus personajes. ¿Por qué?

P.H. Sí, trataba de cambiar de género y empecé a escribir accidentes de tráfico, atentados terroristas… [se ríe]. La comedia romántica no era para mí. No soy una persona de finales felices.

“Las mujeres todavía somos juzgadas por nuestra apariencia y papel de madres. Le pasa hasta a Theresa May

XL. Tocó fondo con el tercer libro y se arruinó. ¿Pensó en dedicarse a otra cosa?

P.H. Sí, lo pasé muy mal. Había invertido dos años en escribir aquel libro y fue un fracaso absoluto. Me deprimí y empecé a planteármelo todo. Si no hubiera sido por mi agente, habría dejado de escribir. Fue un periodo oscuro de mi vida, pero supe canalizarlo a través de La chica del tren.

XL. La protagonista era alcohólica. ¿Por qué escogió retratarla así?

P.H. El alcoholismo hace que la gente pierda la memoria y quería explorar cómo eso te vuelve vulnerable a la manipulación. Me identifiqué con su soledad y su aislamiento, porque yo me he sentido así en momentos de mi vida.

XL. También trata la violencia de género. ¿Por qué se adentró en ese terreno?

P.H. Aunque solo hay un episodio de violencia física en todo el libro, Rachel es víctima de la manipulación emocional. Es un tipo de abuso doméstico del que se habla menos porque no deja moratones. El lugar donde las mujeres y los niños son más vulnerables es en su propia casa, y deberíamos hablar más de eso.

XL. «Las mujeres son juzgadas por su apariencia y por su papel como madres», dice el personaje en un momento del libro. ¿Hablaba ella o usted?

P.H. Desgraciadamente, creo que sigue siendo así. Da igual el éxito que tengas. Mira lo que ha pasado con Theresa May. Se la ha juzgado por su apariencia y por no tener hijos. ¿A quién le importa eso? Nadie se atrevería a decir esas cosas de un hombre.

XL. ¿Lo ha sufrido en sus propias carnes?

P.H. Yo no soy madre porque así lo decidí hace mucho tiempo. Ahora ya nadie me lo pregunta, pero cuando tenía 30 años muchos me decían. «Cambiarás de opinión. Te arrepentirás». Era irritante.

XL. ¿Cuánto ha cambiado su vida en los últimos tres años?

P.H. En lo fundamental no ha cambiado. hago las mismas cosas, escribo, tengo los mismos amigos… Pero es cierto que vivo en un apartamento mejor, me alojo en hoteles estupendos, viajo mucho y estoy muy ocupada.

XL. ¿Y es más feliz que antes?

P.H. [Suspira y se lo piensa]. Sí, estoy contenta. Aunque tener un gran éxito también te genera mucha ansiedad. Te cuestionas constantemente a ti misma, te preocupa lo que piense la gente. Además, corres el riesgo de vivir mirándote el ombligo, y eso me horroriza. Tienes que asumir que si a alguien no le gusta lo que haces no es el fin del mundo. Pero no debería quejarme, tengo una vida privilegiada.

XL. Se habla del thriller femenino como un nuevo género literario. ¿No será más bien un invento de los departamentos de marketing de las editoriales?

P.H. Puede ser. Pero las mujeres leen muchas más novelas de misterio que los hombres y, además, libros como La chica del tren hablan de los problemas de las mujeres.

XL. ¿Y por qué cree que las mujeres gravitan hacia este tipo de libros?

P.H. Es una forma de explorar nuestros miedos en un entorno seguro. A las mujeres se nos enseña desde pequeñas a vernos como víctimas en potencia. Se nos dice: «no te vistas así», «no bebas tanto», «no vayas a tal lugar…». A los hombres, en cambio, nadie les dice nada, aunque, paradójicamente, ellos tienen muchas más posibilidades de terminar siendo víctimas de un crimen. La diferencia es que a ellos no se los hace responsables.

XL. ¿Qué tal lleva las críticas?

P.H. En general las leo. Las más duras son las que diseccionan los errores de los que tú ya eras consciente. Solo te queda levantar las manos y decir: «¡Tienes razón, es horrible!» [se ríe]. Pero tampoco hay que obsesionarse.

XL. Y a quién le confía sus primeros manuscritos?

P.H. A mi agente. Es honesta sin ensañarse y tenemos los mismos gustos literarios. No puedo confiar en mis amigos o en mi familia porque ellos no quieren herir mis sentimientos. Además, les pones en una posición incómoda.

“El lugar donde las mujeres y los niños son más vulnerables es en su propia casa. deberíamos hablar más de eso”

XL. ¿Se divierte escribiendo?

P.H. No voy a mentir: me ha costado tres años escribir este libro y lo he pasado mal. A veces, te encuentras en un callejón sin salida, pero has escrito cincuenta mil palabras y no quieres tirarlas a la basura. Pero cuando va bien, ¡me encanta! Sobre todo cuando varias ideas encajan como un puzle. No lo has planeado, pero ocurre y es maravilloso.

XL. ¿Y tira de momentos de inspiración o es una escritora metódica?

P.H. Soy metódica y aburrida: escribo en casa, en silencio, sola y bebiendo mucho té.

XL. Creció en Zimbabue. ¿Qué tipo de infancia tuvo en África?

P.H. De niña quería ser corresponsal de guerra. Mi padre escribía para el Financial Times y siempre había periodistas en casa contando batallitas sobre secuestros y tiroteos. Por supuesto, hubiera sido la peor corresponsal de guerra de la historia.

“Leemos más libros de misterio que los hombres porque con ellos exploramos nuestros miedos en un entorno seguro”

XL. ¿Y qué tipo de libros formaron su paladar literario en aquella época?

P.H. Con 12 años tuve una fase Agatha Christie. Me encantaba resolver aquellos misterios. Luego, de adolescente, dejé de leer novelas porque me interesaba más la política. No soy una de esas personas que se han leído todos los títulos imprescindibles de la literatura universal.

XL. Y a los 17 años se trasladó a Inglaterra. ¿Cómo encajó el cambio?

P.H. Aquel traslado me transformó. No conocía a nadie y estaba sola. Me sentía como una outsider en la gran ciudad. Y creo que es un sentimiento común entre los novelistas: observas desde la barrera sin sentir que formas parte de un mundo. Aquello me hizo la novelista que soy ahora.

XL. Por cierto, ¿qué la ha traído a Los Ángeles?

P.H. Acabo de terminar el libro y estoy tomándome un descanso, viajando un poco… Y también voy a aprovechar para hablar con Dreamworks de la adaptación de esta novela.

XL. No quiso escribir el guion de La chica del tren. ¿Se implicará más esta vez?

P.H. Sí, pero no escribiré el guion. No lo sé hacer, no sabría por dónde empezar. Este libro es más difícil de adaptar y deseo que se haga bien. Pero tampoco quiero ser uno de esos escritores que pretenden controlar obsesivamente la adaptación de su novela.

XL. ¿Y cómo le ha recibido Hollywood?

P.H. No siento que forme parte de Hollywood. La chica del tren se rodó en Londres con una actriz británica. Fui varias veces al rodaje y fue divertido. Me impresionó mucho conocer a Lisa Kudrow. ¡Era Phoebe, de Friends! [Se ríe]. Aquí solo soy una turista más.

XL. ¿Qué consejo le daría a un aspirante a novelista?

P.H. Durante años escribí cosas que jamás le enseñé a nadie, por eso le diría que encuentre a alguien a quien poder mostrarle su trabajo. Si no, nunca sabrás si eres bueno o malo. El resto es trabajo duro, suerte y muchas coincidencias absurdas.

Cuestión de negocios Experiodista e hija de un periodista, Hawkins, de 44 años, se ve ahora del otro lado. «Llevo bien lo de hablar con la prensa; lo que odio es hacerme fotos. Pero así funciona este negocio».


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